Blog de las Golondrinas
Inicio » Blog

Hotel Las Golondrinas


Publicado el: 09-11-2017

Por Miriam Vela

Viajar. Viajar es regresar a la esencia, reza un proverbio tibetano. Probablemente la interpretación correcta versa más en lo espiritual, pero a a mí, ahora que acabo de regresar de Oaxaca, México, esas seis palabras me hacen pensar en literal. Porque uno cree que conoce un lugar solo por haber estado allí, cuando lo cierto es que hace falta algo más; hay que saber llegar y, a su vez, el lugar tiene que permitirte avanzar. Como dijo la poetisa Anne Hébert, el trayecto se convierte en el motivo y en el sentido último del viaje. Únicamente así es posible alcanzar la esencia, el espíritu del sitio en el que se ha estado; solo profundizando en el camino se llega, se viaja, se conoce verdaderamente un lugar. Viajar es, por tanto, descubrir esos rincones escondidos cargados de verdad, esos lugares en los que pervive la esencia, sea cual sea su localización en el mundo. En definitiva, uno puede creer que conoce México solo por haber estado en un lujoso resort de Playa del Carmen dos semanas, en plenas festividades del Día de Muertos, desayunando chilaquiles junto a un altar abarrotado de flores de cempasúchil. Pero un día se le da la oportunidad de regresar, y el viaje lleva sus pasos a Oaxaca, a un hotelito de fachada azul construido en una típica casa de vecindad. A un lugar lleno de verdad, de esencia. Y entonces sí, solo entonces uno disfruta de la certeza de haber llegado a México.

(…)

La primera vez que supe del hotel Las Golondrinas fue a través de su actual gerente, la antropóloga Carmen Velasco Hernández. "Tu casa", recuerdo que me dijo en alusión al establecimiento, con esa calidez y esa impecable corrección tan mexicanas. El nombre del hotel, según supe después, también se escogió con la intención de reforzar esa idea, porque las costumbres migratorias de las golondrinas pasan por establecer un lugar fijo al que regresar. Estas aves de vuelo alegre y canto inquieto no anidan en lugares, sino en hogares… del mismo modo que en el hotel de la familia Velasco Hernández no hay clientes; hay huéspedes a quienes hacer sentir en casa. Por otro lado, los propietarios, don Jorge y doña Guillermina, cuentan que fue el brillo fonético de la palabra golondrina, la musicalidad de su pronunciación, lo que los convenció para terminar de decidirse por el nombre. Cuando se está allí, es fácil comprender que parte del espíritu del hotel tiene que ver con la música, con la armonía, con una mezcla equilibrada entre los sonidos alegres de los pájaros, el viento y el agua en los tres magníficos patios ajardinados de la propiedad, y el confortable silencio que aporta la calma, la relajación de sentirse atendido y cuidado, en familia, en medio de un oasis de color, calidez y carácter tradicional oaxaqueño. La melodía con que uno recuerda Las Golondrinas suena a marimba, a salterio, a alegres acordes de guitarra, instrumentos que perfectamente podrían traducir el canto de esas aves, en su versión más mexicana.

Nada más llegar a la calle de Tinoco y Palacios, a escasos minutos andando de la famosa plaza del Zócalo de Oaxaca, la fachada azul ultramar de Las Golondrinas, recortada contra el amarillo de los taxis de la localidad, sumerge al visitante en una suerte de cuadro expresionista. Incluso antes de poner el pie en el pintoresco zaguán de la entrada de la casa, los ojos ya respiran color. Los que han viajado por México saben que esa tierra es justamente eso: un estallido continuo de contrastes, cómo no, también cromáticos. Y es ahí, aun en el exterior de ese hotelito levantado en una típica casa oaxaqueña de vecindad, donde en el pasado convivían familias dedicadas a las más diversas tareas (zapateros, plomeros, albañiles, costureras, mujeres que hacían tortillas de maíz…), que se puede empezar a percibir esa esencia mexicana. Como señalaba al principio esta crónica, uno siente, frente a la fachada de Las Golondrinas, que ha llegado a un lugar lleno de verdad. Un lugar que respetó sus orígenes, procurando mantener la arquitectura y el diseño de las casas primigenias aun con el desafío de la cercanía y el desnivel del cerro del Fortín, donde la teja, el carrizo, la madera y las paredes de adobe aportan un brillo reminiscente y preciado allá donde uno desee descansar la vista… y el ánimo. Un lugar que conserva con devoción el espíritu con el que no solo fue construido, sino también levantado y cuidado: el trato familiar y la vocación de servicio con el que las antiguas familias convivieron, sin olvidar el ángel que la primera encargada de la administración, doña Petra, depositaba y procuraba en sus tareas, llevando armonía hasta el último rincón, y que quizá aún hoy sigue arrojando luz entre sus trabajadores, completamente entregados -y enamorados, de Las Golondrinas.

Por todo eso, más allá del antiguo zaguán que hace las veces de distribuidor entre la recepción y la sala de estar, se respira una calidez que envuelve y cobija. Ya en la recepción, abierta 24 horas, se percibe ese brillo familiar con el que te reciben las casas con el hogar encendido. Un brillo color caléndula, vibrante, alegre, auténtico, detrás de la sonrisa franca de Enoc, Paty o Hilario.

Una vez dentro, y no de camino sino en el mágico paseo que implica recorrer cualquiera de los tres exuberantes jardines hacia alguna de las veintisiete habitaciones semiescondidas alrededor, uno podría imaginar perfectamente al espíritu de Hemingway, magistral cronista del viaje esencial, sentado en una de las pequeñas terrazas que presiden la entrada de algunas estancias, en una silla de forja verde, bajo una excelsa buganvilla magenta, protegido con un sombrero de petate de la caricia de los pétalos al viento y entregado a un silencio inspirador. O al de Pavese, reposando una taza de chocolate caliente en una de las mesas del patio orientado a la calle Allende y al agasajo de un desayuno inolvidable, reconciliado con sus reflexiones sobre la brutalidad que implica viajar, el desarraigo de perder de vista todo lo conocido y confiable para entregarse a lo extraño, pero a la vez a lo esencial y eterno: el aire, el cielo, la naturaleza, la calma, el descanso, los sueños… la genuina hospitalidad y el cariño de Rosi, Tere, doña Au, o Adilene y su preciosa sonrisa de hoyuelos.

Las Golondrinas es un lugar donde dejar volar los sentidos y anidar la sensibilidad. En palabras de don Jorge Velasco, donde amanecer cada día con la caricia de las flores en la mejilla. El paseo diario entre caléndulas, petunias, geranios, cactus, buganvillas, hiedras, helechos, espatifilos, cintas, arecas, palmeras y plataneros, ese paisaje salpicado por las macetas artesanales de Dolores Porras, típicas de la cercana localidad de Atzompa, es alimento a los ojos de cualquier amante del impresionismo pictórico. Y, para respirar por los oídos, el sonido sordo propio del centro de la ciudad, el trinar lejano de los vendedores de puestos de artesanías en el Zócalo o de las campanas de la cercana iglesia de Santo Domingo de Guzmán -patrimonio cultural de la humanidad convertido en panorama desde la formidable azotea del hotel, cuando en armonía se solapan con el viento enhebrando su melodía entre las hojas de los árboles, y el familiar sonido del carrito de Rosi a su regreso diario del mercado. Ese viaje a lo esencial, que pasa por el amoroso cuidado a los sentidos en el exterior, encuentra su consonancia en el interior de unas habitaciones únicas, cada una con su propio carácter pero todas ellas mimadas al detalle por las manos artistas de doña Au y Tere, que cada día riegan de pétalos las camas y esculpen graciosas esculturas con las toallas.

(…)

Carmen Velasco no solo me invitó a conocer su hotel. Ella me dio la posibilidad de anidar unos días allí, dejar volar los sentidos y llegar por fin hasta ese pedacito del México más esencial llamado Oaxaca, que los conquistadores españoles compararon con una Antequera de color verde, a mí me parece La Mancha a todo color, y al que, como golondrina alegre e inquieta, ya estoy deseando regresar. Siempre

 

 

Travel. Traveling is a return to the essentials, preaches the Tibetan proverb. Although the original interpretation probably refers to the spiritual meaning of the phrase, now that I've returned from Oaxaca, Mexico, I take these seven word literal. You may think you know a place just by paying it a visit, but the truth is that there's missing something -the sense of truly arriving, letting the place fill you up and allowing it to let you grow as a human being. To quote the poet Anne Hébert, the road reveals the true motive and ultimate reason of the trip. Only by letting it take you, rather than vice versa, will the true sense of the trip and of the destination reveal itself. Focussing on the road is the true meaning of traveling and the only way to get to know a place. To travel is to discover little bitts and pieces of truth and essence, wherever they may lay in the furthest corners of the globe.

You may think you know Mexico by staying at a luxurious resort in Playa del Carmen for a couple of weeks, celebrating Día de los Muertos (Day of the Dead), and having chilaquiles for breakfast next to an altar crammed with cempasúchil flowers. However, if the opportunity presents itself to go back and the trip takes you to Oaxaca, there's a hotel with a blue façade in the traditional architectural style of a "neighbourhood house". It's a place of true essence and quintessential truth. Here, one discovers the true Mexico.

(…)

I discovered hotel Las Golondrinas through its current manager, the anthropologist Carmen Velasco Hernández. "Your home", she corrected me when referring to the hotel, immediately giving me a taste of Mexican hospitality. I later discovered that the name of the hotel was chosen, on the one hand, to enforce this idea - "golondrina" translates to "swallow". Swallows are happy, migratory birds that sing incessantly and don't nest in some random place, but always return to a fixed place - a home. In much the same way, Las Golondrinas -run by the family Velasco Hernández- doesn't have customers, but guests, which are made to feel as if they were at home. On the other hand, the owners of the establishment, don Jorge and doña Guillermina, tell us that it was the musical ring to the word "golondrinas" that sold them on the name. Once you arrive, you'll sense the melodic spirit in the air by feeling the harmony between the sounds and the silence. The sounds of chirping birds, the wind, and the water in the three magnificent patios -filled with plants and flowers- are in perfect balance with the comforting silence that sooths the nerves, and brings peace and quiet. You can relax and be taken care of as if you were family, experiencing the traditional kindness symbolic of Oaxaca, all in the middle of an oasis of colour. The melody that makes one think back on Las Golondrinas is one with marimba, psaltery, and guitar - instruments that perfectly translate the song of those birds, in their Mexican version.

Those who have travelled through Mexico know it for what it is -a continuous explosion of contrast, but chromatic nevertheless. On arriving at Las Golondrinas, the contrast between the ultramarine blue façade and the yellow taxi submerges the visitor in a kind of Expressionist painting; your eyes inhale a variety of colours even before setting foot on the picturesque entrance of the house. Tinoco and Palacios street, where the hotel is located, is only a short walk from the famous square "Zócalo de Oaxaca", and it's outside of Las Golondrinas where one starts to capture the Mexican essence. There, at the little hotel that used to be a typical Oaxacan neighbourhood house, where families used to live and work together. (Craftsmen and -women who worked as shoemakers, plumbers, bricklayers, seamstresses, tortilla makers, etc.) As I've already pointed out, you feel the truth the place contains from the moment you see the blue façade of Las Golondrinas. It's a place that respects its roots and keeps the original architecture and design of the houses intact, even with the proximity and the difference in height of the "cerro de Fortín" (a hill in the city of Oaxaca). It's a place where the clay tiles, the reed, the wood, and the brick walls bring to life a sense of reminiscence and affection, and where you can rest your eyes, as well as your soul. The place preserves the spirit with which it was constructed and taken care of by the families who originally lived there, with their devotion to service and making the place feel like home. There's one person who deserves a special mention: doña Petra. This angel was the first one to be in charge of the administration of the house and she carried out her duties rigorously, whilst at the same time preserving the harmony. Maybe to this day, she keeps shining her light on the employees, who match her diligence and love for Las Golondrinas.

Once past the hallway separating the living room from the reception, you breath in a warmth that feel like it wraps you in a soft blanket. At the reception, which is open 24/7, a feeling of coming home overwhelms you, provided by a mixture of the bright colors of the marigold flowers, and the kind smile of Enoc, Paty or Hilario, which exudes an aura of vibrant joy, authenticity, and truthfulness.

Inside, there is a magical path that leads to the three exuberant gardens and takes you to one of the twenty seven half-hidden rooms. One is reminded of Hemingway, the master of stories about the essence in travel. It's easy to imagine him sitting on one of the little terraces in front of the rooms, lain back in a green wrought chair beneath a lofty magenta bougainvillea, protected by his woven hat and enjoying the touch of petals carried by the wind, completely submerged in an inspiring tranquility. Pavese also fits the scene; he'd be enjoying a cup of hot chocolate at one of the tables on the patio facing Allende street. After an unforgettable breakfast, he'd be reflecting on the brutality of travelling -disconnecting from all that's familiar and reliable to put oneself at the mercy of the unknown. The silver lining, however, is experiencing the essential and the eternal: the air, the sky, the nature, the serenity, the peace of mind, the dreams, … but most importantly, the genuine hospitality and kindness of Rosie, Tere, doña Au, or Adilene with her beautiful smile with dimples in her cheeks.

Las Golondrinas is a place to let your senses run free and to come to rest. To quote don Jorge Velasco, a place where you wake up every morning with the soft touch of flower petals on your cheek. The daily walk through the gardens is a treat to the eyes to anybody who admires pictorial Impressionism. The scenery is filled with handcrafted flowerpots made by Dolores Porras, a specialty from the nearby community of Atzompa, and contain a variety of flora: marigolds, petunias, geraniums, cacti, bougainvillea, ivy, ferns, peace lilies, spider plants, arecas, palm-, and banana trees. A treat to the ears is the soothing sound of the centre of the city -a mixture of the distant chant of street vendors selling their crafts on the Zócalo and the church bells of Santo Domingo de Guzmán, a cultural heritage of humanity and visible from the rooftop terrace. The harmonious melody is carried by the wind, through the leaves of the trees, all the way to Las Golondrinas to caress the ears of the guests. To top is all of, there is the sound of Rosie's cart as she returns from her daily visit to the local market. The trip to truth also finds its way into the unique rooms, each one with its own character. Doña Au and Tere keep them immaculate with the eyes and hands of an artist, decorating the beds with flower petals and gracious ornaments sculptured out of fresh towels. The whole experience is a treat to the senses.

Carmen Velasco didn't just invite me to her hotel. She gave me a chance to nest in the most truthful piece of Mexico, called Oaxaca. The conquistadores called this place the green Antequera, but to me it seemed like a colorful La Mancha. And exactly like a swallow, happy and restless, I long to return. Always.

by Nievella
(Translation by Axel Van der Mersch)

 



Día de Muertos 2017- Panteón San Miguel


Publicado el: 25-10-2017

Se siente el fresco en las calles y la gente sonríe al ir a comprar al mercado; sus flores, sus calaveritas de azúcar, el pan, y todo lo necesario para celebrar la llegado de los muertos. No hay nadie que no sea inmensamente feliz al recordar a los que se fueron, pero que están a punto de regresar y acompañarnos durante unos días. Para ello, deberemos prepararles un entrañable Altar aunque sea sencillo, pero que contenga la nostalgia y la alegría , para agasajarlos. Así se vive en Oaxaca "los muertos".  Te esperamos ¡SIEMPRE!



Día de Muertos: Un Altar a la Nostalgia


Publicado el: 24-10-2017

 Día de Muertos, un altar a la nostalgia es especial porque fue realizado cuando Relatamundos era apenas una semilla ilusionante en el solar de sueños que yo, periodista de formación y escritora de vocación, tenía reservado desde hace tiempo en mi mente para un proyecto de periodismo literario, crónicas poéticas y reportajes de autor. Relatamundos es un lugar donde leer, ver, escuchar y tocar con la piel emocional historias cercanas, ya sean de una persona o de un lugar, contadas desde una perspectiva distinta y centradas en la belleza oculta con que a veces la vida nos habla del bien detrás de la dificultad, o incluso de la desgracia. Un lugar donde cualquiera puede ver reflejada su propia vivencia, o la impronta que a veces deja un viaje en la retina del alma. Un espacio abierto al disfrute reflexivo, al aprendizaje existencial a través de la experiencia ajena cuando la sentimos cerca, o cuando conectamos con algo o con alguien que, de algún modo, pareciera hablar de nosotros mismos.

 

Carmen Velasco, a quien conocí en Madrid en un taller de periodismo de viajes impartido en el diario El País, me abrió la posibilidad de contar cómo se vive la nostalgia de la tierra natal en plena temporada de tradiciones. Carmen, que emigró a España hace más de veinte años, quien -sin dejar de ser nunca mexicana, a veces siente y piensa y se comporta como española, representa a esas personas a quienes la vida les regala unas raíces nuevas con las que crecer y donde hacer hogar. Al igual que ella, miles de emigrantes mexicanos conocen la dicotomía emocional de vivir fuera de su país una festividad tan arraigada y emblemática como el Día de Muertos. En el caso de Carmen, casi todos los años lo hace desde Madrid, donde el año pasado el Ayuntamiento rindió un homenaje especial a México al elaborar un altar de muertos fusionado con las tradiciones propias del Día de Difuntos, además de la serie de eventos que el Museo de América y varios restaurantes mexicanos, con sus propios altares, hacen cada año para conmemorar esta tradición. 

 

Este reportaje, en tono de entrevista poética, habla de la nostalgia de las personas que, aun perteneciendo a dos puntos distintos del planeta, en determinadas fechas no pueden evitar comparar tradiciones y recordar la infancia, a la familia de fuera y todo aquello que es diferente y se extraña. No solo muestra el Día de Muertos en Madrid. Sobre todo habla de una encantadora antropóloga oaxaqueña llamada Carmen, de cómo entiende y vive la cultura y las tradiciones en ambos lados del Atlántico. Para finalizar, es un hermoso comprobante de que es posible disfrutar del Día de Muertos a nueve mil kilómetros de distancia, pero con idéntico entusiasmo y cariño.

 

Espero lo disfruten como el homenaje que representa, desde España, y con todo el cariño que aquí se le tiene, a su México lindo.

 

Miriam Vela.

Madrid, septiembre 2017.



Oaxaca: Día de muertos 2017


Publicado el: 17-10-2017



Las Golondrinas en México Desconocido.


Publicado el: 16-08-2017

Es un verdadero gusto para todos nosotros comentarles que una revista de tal prestigio como lo es "México Desconocido"  incluyera al Hotel Las Golondrinas en las recomendaciones que publican periódicamente en su revista. A continuación les compartimos la reseña completa, así como la liga de la publicación original de dicha revista.

"Este hotel familiar te hará sentir la tranquilidad que tanto estabas buscando. Aquí,las plantas y flores acarician tu piel cuando pasas por sus pasillos o paseas por sus jardines, y sus techos de teja, el carrizo y la madera de los numerosos detalles te provocarán una sensación única.

Sus habitaciones están distribuidas a lo largo de sus tres jardines y cada una de ellas tiene un encanto especial para que descanses después de haber dado un recorrido por Oaxaca.

Lo mejor de este hotel es su trato y servicio al cliente, así como la comodidad de sus habitaciones, que cuentan con baño privado, ventilador y WiFi.

Precios: De $800 a $1000

Hotel Las Golondrinas
Calle de Tinoco y Palacios 411, RUTA INDEPENDENCIA, Centro, Oaxaca, México.
T. (951) 514 2095
Lasgolondrinasoaxaca.com/

Enlace de la publicación original: https://www.mexicodesconocido.com.mx/hoteles-en-oaxaca-baratos.html

Tags: Oaxaca, México, Hotel, Barato, México Desconocido, vacaciones, descanso, Hospedaje, Hostal, centro, céntrico, naturaleza,



Sí tenemos disponibilidad con cambio de habitación.


Publicado el: 04-06-2017

CASO I:  ELIZABETH Y ENOC

  • Hola Enoc, tengo una pregunta.
  • He entrado a la página web del hotel para hacer una reservación y ¡no hay una habitación matrimonial! ¿es posible?
  • Buenos días, no se preocupe. Vamos a ver. Yo la ayudaré.

 

  • ¿Qué días necesita?
  • 20, 21,22 y 23 de julio. Tenemos reservación con ustedes de tres habitaciones y sólo nos queda saber si habrá posibilidad para una más, con cama matrimonial…
  • Efectivamente, usted tiene reservado con nosotros tres habitaciones. Una King Size, una cuádruple, y otra matrimonial. Y tendríamos una habitación con cama matrimonial disponible, pero hasta el 21 de julio. Si le parece bien, la primera noche del 20, se quedaría en una habitación doble con dos camas individuales y, a partir del 21, se cambiaría a una habitación doble con cama matrimonial.
  • Genial! Gracias Enoc.
  • Estamos a sus órdenes. Siempre intentaremos servirla lo mejor posible.
  • Los veré pronto. Y saludos a todos.

 

No duden en llamarnos, seguro podemos ofrecerles lo que desean.