Blog de las Golondrinas
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Escapada "Día de las Madres"


Publicado el: 17-04-2018
 
Día de las madres en Oaxaca.
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Escapada "Día de las Madres". 
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(Mínimo 2 Noches) Del 4 al 15 de mayo
Kit de regalo para que mamá consienta su piel
Late check out (hasta las 14 horas).
Desayuno incluido (continental)

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"Mother's day" promotion
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(Minimium two nights)
From May 4th. to May 15th.
Gift kit for mom to consent her skin.
late check out (at 14 hours).
breakfast Included (continental)

 



Oferta primavera 2018


Publicado el: 16-04-2018

 

 

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Del 18 al 28 de abril
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Desayuno gratis reservando 4 días o más.
Detalle de bienvenida.
Late check out (hasta las 14 horas).
Del 18 al 28 de abril 

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From April 18th to April 28th.
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Free breakfast reserving 4 or more days.
Welcome surprise
Late check out (at 14 hours)

 

"Fin de Semana del 13 al 16 de abril"

3 noches por el precio de 2
Detalle de Bienvenida
Late check out (hasta las 14 horas).

 



Hotel Las Golondrinas


Publicado el: 09-11-2017

Por Miriam Vela

Viajar. Viajar es regresar a la esencia, reza un proverbio tibetano. Probablemente la interpretación correcta versa más en lo espiritual, pero a mí, ahora que acabo de regresar de Oaxaca, México, esas seis palabras me hacen pensar en literal. Porque uno cree que conoce un lugar solo por haber estado allí, cuando lo cierto es que hace falta algo más; hay que saber llegar y, a su vez, el lugar tiene que permitirte avanzar. Como dijo la poetisa Anne Hébert, el trayecto se convierte en el motivo y en el sentido último del viaje. Únicamente así es posible alcanzar la esencia, el espíritu del sitio en el que se ha estado; solo profundizando en el camino se llega, se viaja, se conoce verdaderamente un lugar. Viajar es, por tanto, descubrir esos rincones escondidos cargados de verdad, esos lugares en los que pervive la esencia, sea cual sea su localización en el mundo.

En definitiva, uno puede creer que conoce México solo por haber estado en un lujoso resort de Playa del Carmen dos semanas, en plenas festividades del Día de Muertos, desayunando chilaquiles junto a un altar abarrotado de flores de cempasúchil. Pero un día se le da la oportunidad de regresar, y el viaje lleva sus pasos a Oaxaca, a un hotelito de fachada azul construido en una típica casa de vecindad. A un lugar lleno de verdad, de esencia. Y entonces sí, solo entonces uno disfruta de la certeza de haber llegado a México.

(…)

La primera vez que supe del hotel Las Golondrinas fue a través de su actual gerente, la antropóloga Carmen Velasco Hernández. “Tu casa”, recuerdo que me dijo en alusión al establecimiento, con esa calidez y esa impecable corrección tan mexicanas. El nombre del hotel, según supe después, también se escogió con la intención de reforzar esa idea, porque las costumbres migratorias de las golondrinas pasan por establecer un lugar fijo al que regresar. Estas aves de vuelo alegre y canto inquieto no anidan en lugares, sino en hogares… del mismo modo que en el hotel de la familia Velasco Hernández no hay clientes; hay huéspedes a quienes hacer sentir en casa. Por otro lado, los propietarios, don Jorge y doña Guillermina, cuentan que fue el brillo fonético de la palabra golondrina, la musicalidad de su pronunciación, lo que los convenció para terminar de decidirse por el nombre. Cuando se está allí, es fácil comprender que parte del espíritu del hotel tiene que ver con la música, con la armonía, con una mezcla equilibrada entre los sonidos alegres de los pájaros, el viento y el agua en los tres magníficos patios ajardinados de la propiedad, y el confortable silencio que aporta la calma, la relajación de sentirse atendido y cuidado, en familia, en medio de un oasis de color, calidez y carácter tradicional oaxaqueño. La melodía con que uno recuerda Las Golondrinas suena a marimba, a salterio, a alegres acordes de guitarra, instrumentos que perfectamente podrían traducir el canto de esas aves, en su versión más mexicana.

Nada más llegar a la calle de Tinoco y Palacios, a escasos minutos andando de la famosa plaza del Zócalo de Oaxaca, la fachada azul ultramar de Las Golondrinas, recortada contra el amarillo de los taxis de la localidad, sumerge al visitante en una suerte de cuadro expresionista. Incluso antes de poner el pie en el pintoresco zaguán de la entrada de la casa, los ojos ya respiran color. Los que han viajado por México saben que esa tierra es justamente eso: un estallido continuo de contrastes, cómo no, también cromáticos. Y es ahí, aun en el exterior de ese hotelito levantado en una típica casa oaxaqueña de vecindad, donde en el pasado convivían familias dedicadas a las más diversas tareas (zapateros, plomeros, albañiles, costureras, mujeres que hacían tortillas de maíz…), que se puede empezar a percibir esa esencia mexicana. Como señalaba al principio esta crónica, uno siente, frente a la fachada de Las Golondrinas, que ha llegado a un lugar lleno de verdad. Un lugar que respetó sus orígenes, procurando mantener la arquitectura y el diseño de las casas primigenias aun con el desafío de la cercanía y el desnivel del cerro del Fortín, donde la teja, el carrizo, la madera y las paredes de adobe aportan un brillo reminiscente y preciado allá donde uno desee descansar la vista… y el ánimo. Un lugar que conserva con devoción el espíritu con el que no solo fue construido, sino también levantado y cuidado: el trato familiar y la vocación de servicio con el que las antiguas familias convivieron, sin olvidar el ángel que la primera encargada de la administración, doña Petra, depositaba y procuraba en sus tareas, llevando armonía hasta el último rincón, y que quizá aún hoy sigue arrojando luz entre sus trabajadores, completamente entregados -y enamorados, de Las Golondrinas.

Por todo eso, más allá del antiguo zaguán que hace las veces de distribuidor entre la recepción y la sala de estar, se respira una calidez que envuelve y cobija. Ya en la recepción, abierta 24 horas, se percibe ese brillo familiar con el que te reciben las casas con el hogar encendido. Un brillo color caléndula, vibrante, alegre, auténtico, detrás de la sonrisa franca de Enoc, Paty o Hilario.

Una vez dentro, y no de camino sino en el mágico paseo que implica recorrer cualquiera de los tres exuberantes jardines hacia alguna de las veintisiete habitaciones semiescondidas alrededor, uno podría imaginar perfectamente al espíritu de Hemingway, magistral cronista del viaje esencial, sentado en una de las pequeñas terrazas que presiden la entrada de algunas estancias, en una silla de forja verde, bajo una excelsa buganvilla magenta, protegido con un sombrero de petate de la caricia de los pétalos al viento y entregado a un silencio inspirador. O al de Pavese, reposando una taza de chocolate caliente en una de las mesas del patio orientado a la calle Allende y al agasajo de un desayuno inolvidable, reconciliado con sus reflexiones sobre la brutalidad que implica viajar, el desarraigo de perder de vista todo lo conocido y confiable para entregarse a lo extraño, pero a la vez a lo esencial y eterno: el aire, el cielo, la naturaleza, la calma, el descanso, los sueños… la genuina hospitalidad y el cariño de Rosi, Tere, doña Au, o Adilene y su preciosa sonrisa de hoyuelos.

Las Golondrinas es un lugar donde dejar volar los sentidos y anidar la sensibilidad. En palabras de don Jorge Velasco, donde amanecer cada día con la caricia de las flores en la mejilla. El paseo diario entre caléndulas, petunias, geranios, cactus, buganvillas, hiedras, helechos, espatifilos, cintas, arecas, palmeras y plataneros, ese paisaje salpicado por las macetas artesanales de Dolores Porras, típicas de la cercana localidad de Atzompa, es alimento a los ojos de cualquier amante del impresionismo pictórico. Y, para respirar por los oídos, el sonido sordo propio del centro de la ciudad, el trinar lejano de los vendedores de puestos de artesanías en el Zócalo o de las campanas de la cercana iglesia de Santo Domingo de Guzmán –patrimonio cultural de la humanidad convertido en panorama desde la formidable azotea del hotel, cuando en armonía se solapan con el viento enhebrando su melodía entre las hojas de los árboles, y el familiar sonido del carrito de Rosi a su regreso diario del mercado. Ese viaje a lo esencial, que pasa por el amoroso cuidado a los sentidos en el exterior, encuentra su consonancia en el interior de unas habitaciones únicas, cada una con su propio carácter, pero todas ellas mimadas al detalle por las manos artistas de doña Au y Tere, que cada día riegan de pétalos las camas y esculpen graciosas esculturas con las toallas.

(…)

Carmen Velasco no solo me invitó a conocer su hotel. Ella me dio la posibilidad de anidar unos días allí, dejar volar los sentidos y llegar por fin hasta ese pedacito del México más esencial llamado Oaxaca, que los conquistadores españoles compararon con una Antequera de color verde, a mí me parece La Mancha a todo color, y al que, como golondrina alegre e inquieta, ya estoy deseando regresar. Siempre.

6 noviembre, 2017.

 

 

Travelling. Travelling is returning to the essence, says a Tibetan proverb. Probably the correct interpretation refers to the spiritual side, but for me, now that I’ve returned to Oaxaca, Mexico, those six words make me think about it in the literal sense. We think we know a place just by having been there, when the truth is that there is more missing, there are ways how to arrive as the place on its own that allow you to keep moving forward.

Like the poetess Anne Hébert said, the journey becomes the motive and the sole purpose of the trip. This is the only way to reach the essence, the true spirit of the place. Only by searching for depth in the road we are able to actually arrive, the real way one truly travels and gets to know a place. Therefore, travelling is discovering hidden corners loaded with truthfulness, in those places where the essence prevails, wherever the location in the world is.

Definitely, we could believe we know Mexico just by staying in a luxurious resort on Playa del Carmen for two weeks, or just visiting for Día de Muertos holidays, breakfasting chilaquiles next to an altar crowded with cempasúchil flowers. But one day you are given again the chance to return, and the trip leads you again to Oaxaca, all the way to a blue façade small hotel built on a historical typical house. One of those places full of truth, full of essence. And that’s how just then I enjoyed the certainty of arriving to Mexico.

(…)

The first time I got to know about Las Golondrinas Hotel was through its own manager, the anthropologist Carmen Velasco Hernandez. “It’s your home”, I remembered she once told me in reference to the establishment, just with that distinguished Mexican warmth and propriety. The name of the hotel, as I later found out, was chosen reassuring also the same concept, swallows immigration nature is to create a fixed place to return to. This kind of bird with cheerful flight and unsettling singing does not nest in places but actual homes… In the same manner as in the Velasco Hernandez’s family-owned hotel there are no clients; instead they have guest to whom make them feel like home.

On the other hand, the owners, Don Jorge and Dona Guillermina say that it was the sparkle of the phonetic word of golondrina, the musical pronunciation of it was what convinced them on deciding a name.

When you are actually here, it is easy to comprehend that part of the hotel’s spirit falls on the music, the harmony, with a balanced mix between the cheerful sounds of birds, the wind and the waterfall spread out on the property in the magnificent patios filled with plants and flowers, and the comfortable silence which provides calm and a relaxing feeling of getting pampered and being taken care of by a family, all in the middle of a colorful oasis of warmth in the traditional Oaxacan character.

The way I remembered the melody of Las Golondrinas reminiscence the sound of marimba, happy guitar chords, which this instruments can perfectly translate the birds singing at its most Mexican version.

Just arriving to Tinoco and Palacios street, barely a few minutes within walking distance of the famous Oaxaca’s Zocalo plaza, the ultramarine façade of Las Golondrinas contrasts against the yellows of the cabs which plunge the visitor onto an expressionist art frame. Even before stepping into the lobby of the house, the eyes already breathe in color.

For those who already have visited Mexico know that this land is a burst of continuous high contrasts and of course a chromatic harmony. And there it is, even on the outside of this hotel built on a typical Oaxacan house, where in the past all the families worked in diverse activities (such as shoe craft, plumbers, construction workers, seamstresses, and women who cooked corn tortillas…), there is that Mexican essence.

As I pointed out in the beginning of this chronicle, as I was facing the front of the facade of Las Golondrinas, I felt like I had arrived at a place filled with truth. A place which respected its origins, maintaining its own arquitecture and the original design of the first houses while dealing with the challenging inclination and closeness of Fortin’s hill. The clay roof tiles, reeds, wood and adobe walls provide a reminiscent shine. It is beautiful anywhere one decides to look to the eyesight … and the spirit.

This is a place that preserves with devotion the spirit in which it was built as well as raised and cared for: the family treatment with a service in which traditional families interacted with each other, also without forgetting the angel touch of the very first administration clerk, doña Petra, who ensured to that touch in her tasks, placing harmony in the last corner, and perhaps today still splashes rays of light among her workers, completely devoted and in love of Las Golondrinas.

Within all this, beyond the antique entrance which separates the reception and the living room, one inhales warmth that shields and shelters. In the reception area, open 24 hours, one is able to perceive the family oriented sparkle which welcomes like a house lit with a warming candle flames.

A Calendula-color shine, vibrant, cheerful and authentic resides behind the honest smiles of Enoc, Paty and Hilario.

Once inside, the magical stroll one takes in visiting any of the three exuberant botanical gardens that lead to any of the semi hidden twenty seven rooms on the perimeter, we can perfectly imagine Hemingway’s spirit, sitting on one of the small porches that are at the entrance of some of the rooms; perhaps sitting on a green metal chair under a sublime magenta bougainvillea tree, sheltering his face with a palm straw hat away from the petals in the wind, surrounded by an inspiring silence.

And Pavese, resting a cup of hot chocolate on one of the tables of the patio oriented towards Allende Street, experiencing the delight of an unforgettable breakfast, reconciling himself with the brutalities of travelling, the alienation from losing sight of everything known and trusted to give in to the strange , but at the same time to the essential and everlasting: the air, the sky , nature, the calm , the rest, the dreams… the genuine hospitality and care of Rosi, Tere, Doña Au or Adilene and her beautiful dimple smile.

Las Golondrinas is a place where one can unwind the senses and nest sensitivity. In the words of don Jorge Velasco, “it’s a place where one wakes up every day with the flowers caressing a cheek”.

In a daily stroll between calendulas, petunias, geraniums, cactuses, bougainvillea, ivy, fern, peace lilies, spiders plants, arecas, palm trees and banana trees, one’s eyes feast on the artisanal pottery from Dolores Porras, from a nearby region called Atzompa, it’s like food for the eyes of any impressionist pictorial lover.

Breathing through the ears, we hear the sounds from the downtown of the city, the far chirp of hand craft merchants in el Zocalo or the bells of the nearby Santo Domingo de Guzman church, which is cultural human heritage turned into a landscaped scenario viewed from the hotel’s amazing top terrace; in harmony they overlap in the wind’s melody between tree leaves and the very familiar sound of Rosi’s little cart coming back from her daily shopping at the local market.

That trip to the essential, that passes by the exterior of the loving care of the senses, meets its own consonance with the interior in one of the unique rooms, each with its own character. Each room is spoiled in details by the artist hands of doña Au and Tere, whom each day scatter the beds with rose petals and sculpt gracious sculptures with towels.

(…)

Carmen Velasco did not only invite me to meet her hotel. She gave me the possibility to nest here for a few days, fly with my senses and finally arrive to the most essential piece of Mexico called Oaxaca, where the Spanish conquerors compared it with the green Antequera. To me it reminds me of La Mancha with each and every color, and like a cheerful and unsettling swallow, I’m already wishing to come back. Forever.

6 noviembre, 2017.

 



Día de Muertos 2017- Panteón San Miguel


Publicado el: 25-10-2017

Se siente el fresco en las calles y la gente sonríe al ir a comprar al mercado; sus flores, sus calaveritas de azúcar, el pan, y todo lo necesario para celebrar la llegado de los muertos. No hay nadie que no sea inmensamente feliz al recordar a los que se fueron, pero que están a punto de regresar y acompañarnos durante unos días. Para ello, deberemos prepararles un entrañable Altar aunque sea sencillo, pero que contenga la nostalgia y la alegría , para agasajarlos. Así se vive en Oaxaca "los muertos".  Te esperamos ¡SIEMPRE!



Día de Muertos: Un Altar a la Nostalgia


Publicado el: 24-10-2017

 Día de Muertos, un altar a la nostalgia es especial porque fue realizado cuando Relatamundos era apenas una semilla ilusionante en el solar de sueños que yo, periodista de formación y escritora de vocación, tenía reservado desde hace tiempo en mi mente para un proyecto de periodismo literario, crónicas poéticas y reportajes de autor. Relatamundos es un lugar donde leer, ver, escuchar y tocar con la piel emocional historias cercanas, ya sean de una persona o de un lugar, contadas desde una perspectiva distinta y centradas en la belleza oculta con que a veces la vida nos habla del bien detrás de la dificultad, o incluso de la desgracia. Un lugar donde cualquiera puede ver reflejada su propia vivencia, o la impronta que a veces deja un viaje en la retina del alma. Un espacio abierto al disfrute reflexivo, al aprendizaje existencial a través de la experiencia ajena cuando la sentimos cerca, o cuando conectamos con algo o con alguien que, de algún modo, pareciera hablar de nosotros mismos.

 

Carmen Velasco, a quien conocí en Madrid en un taller de periodismo de viajes impartido en el diario El País, me abrió la posibilidad de contar cómo se vive la nostalgia de la tierra natal en plena temporada de tradiciones. Carmen, que emigró a España hace más de veinte años, quien -sin dejar de ser nunca mexicana, a veces siente y piensa y se comporta como española, representa a esas personas a quienes la vida les regala unas raíces nuevas con las que crecer y donde hacer hogar. Al igual que ella, miles de emigrantes mexicanos conocen la dicotomía emocional de vivir fuera de su país una festividad tan arraigada y emblemática como el Día de Muertos. En el caso de Carmen, casi todos los años lo hace desde Madrid, donde el año pasado el Ayuntamiento rindió un homenaje especial a México al elaborar un altar de muertos fusionado con las tradiciones propias del Día de Difuntos, además de la serie de eventos que el Museo de América y varios restaurantes mexicanos, con sus propios altares, hacen cada año para conmemorar esta tradición. 

 

Este reportaje, en tono de entrevista poética, habla de la nostalgia de las personas que, aun perteneciendo a dos puntos distintos del planeta, en determinadas fechas no pueden evitar comparar tradiciones y recordar la infancia, a la familia de fuera y todo aquello que es diferente y se extraña. No solo muestra el Día de Muertos en Madrid. Sobre todo habla de una encantadora antropóloga oaxaqueña llamada Carmen, de cómo entiende y vive la cultura y las tradiciones en ambos lados del Atlántico. Para finalizar, es un hermoso comprobante de que es posible disfrutar del Día de Muertos a nueve mil kilómetros de distancia, pero con idéntico entusiasmo y cariño.

 

Espero lo disfruten como el homenaje que representa, desde España, y con todo el cariño que aquí se le tiene, a su México lindo.

 

Miriam Vela.

Madrid, septiembre 2017.



Oaxaca: Día de muertos 2017


Publicado el: 17-10-2017